
Por Alejandra Valentini (Diagonales)
Lisa es tarotista desde hace más de diez años. Trabaja en La Plata y atiende a más de quince personas diarias. Comenta que más del 80 por ciento de sus clientes son mujeres, pero que lo llamativo es que ahora se sumaron los hombres y se desplazó el foco de interés: “Antes era más común que la primer pregunta estuviera relacionada con el amor y la pareja. Las mujeres querían saber si se iban a casar o cómo era la persona con la que salían en ese momento. Ahora los asuntos predominantes son el trabajo y la salud, la gente está muy preocupada por esas dos cosas”.
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Y rápidamente se apresura a aclarar que el análisis específico dependerá de las demás cartas y de la persona que consulte. De acuerdo con su compañera, Liliana dice que los tarotistas usan dos mazos, uno para los que consultan y el otro para la meditación personal, “donde se ponen en juego energías que tienen que ver con la transmisión de paz y equilibrio”.
Las dos hablan de la sensibilidad y de la percepción que todas las personas tienen, pero que algunas desarrollan más. El tarotista, dicen, saca a relucir todo ese potencial sensible. Pero advierten que hay que tener cuidado con esa energía porque si uno la mueve de manera descontrolada le puede ser perjudicial al tarotista o al consultante: “Una vez a un muchacho le salió que la madre se moría y yo decidí no comentarle; entonces le dije que estaba mal. El muchacho se fue y toda esa energía negativa quedó en mí y eso no me hizo bien; es decir si yo hubiera controlado en ese momento el tema de las energías eso no hubiese salido”, explica Liliana.
Lisa, con tono optimista, intenta dejar en claro que un oráculo nunca es desalentador, ni determinante, es decir que siempre va a proveer algo positivo: “El tarot siempre te va a dar la posibilidad de pensar tu realidad, algo con lo que vos puedas trabajar. Nunca es derrotista, aunque sea muy difícil la situación del consultante. Está orientado a cambiar la realidad y tiene que tender a poder transformar la energía del consultante”, manifiesta la tarotista.
Ambas relatan, con acento enérgico, acerca de quienes juegan con la desesperación de la gente y como hay quienes lo ven sólo como una salida laboral y quienes dicen lo que la persona quiere escuchar y no se lo toman en serio: “Hay cursos que lo único que explican es la significación de las cartas y hacen una interpretación superficial olvidándose del contexto y de esta sensibilidad que tiene que tener uno cuando las cartas están diciendo algo. La verdadera función del tarotista es ayudar, por medio de las cartas, a la gente que no puede desarrollar una espiritualidad, y para esto uno les tira las cartas, pero después debe explicarle que el secreto se funda en alcanzar un sentido de vida basado en cuestiones más profundas y no que sólo dependa de una carta”.
En este mundo de magia y aventura, de misterio y superstición, de creencias, mitos e intrigas, nadie tiene la certeza de la veracidad. Y entre la mezcla de sensaciones, entre la habladuría, lo inexplicable y los aciertos asombrosos, entre la credulidad y el escepticismo de este universo, hay algo que hace que se busque cada día más aquello que tienen para decir las videntes, las tarotistas o esas mujeres especiales. Una alternativa rápida que calma la ansiedad, al menos por un ratito.