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Los integrantes de Anacrónica se definen a sí mismos como una banda de “ruptura”. “Porque vemos bandas salidas como de una máquina en serie, que suenan todas igual, cantan todas igual y las letras hablan todas de lo mismo”, explica Leandro Gatti, cantante y líder. Junto a Pablo Paludi (bajista), visitaron 24CON para hablar de sus inicios, de su presente y de la movida del under en el país.
La formación del grupo se completa con Marcelo Panigadi (guitarra), Juan Pablo Ochoa (percusión) y Jorge Papazian (batería). Luego de varios cambios, el quinteto se consolidó a fines de 2005, cuando grabaron un EP multimedia con 5 canciones.
Aunque provienen de distintas localidades del Conurbano – San Martín, Olivos y Caseros – el centro de operaciones lo tienen en un estudio de Villa Ballester, donde ensayan y de donde salió su primer disco de larga duración, “Origen”. En este nuevo material participaron músicos invitados y amigos como Cristian Aldana, de El Otro Yo, y Ariel Viale, de Pampa Yakuza.
Ahora, los cinco están preparando el video del primer corte de difusión, “Amalgama”, y la presentación oficial del disco, programada para el 26 de noviembre en Niceto Club de Palermo. Además, durante el verano volverán a Cosquín Rock, festival en el que participaron a principios de este año como cierre del escenario de grupos independientes.
¿Por qué el nombre “Anacrónica”?
Leandro: La idea era transmitir la sensación de estar siempre corridos de tiempo, fuera del lugar común, desencajados. Nos pareció una idea que nos representaba y nos congregaba como grupo, porque nos consideramos una banda de ruptura. Nuestra postura es tratar de generar un sonido propio, personal. No somos una banda de copia o imitación.
Pablo: Vas al diccionario y listo: Dícese de algo que no vive la realidad como debe ser, como está impuesto. Encaja con nosotros perfectamente.
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¿No se encasillan como una banda de rock?
P: Del rock establecido, no. Si escuchás el disco, es una cosa medio ecléctica: hay bossa nova, percusión latina, distorsiones. No somos Pity ni los Ratones Paranoicos.
L: Todos tenemos miradas comunes y diferentes, porque los cinco venimos de la fusión y de otras ramas. Es como si hiciéramos una mirada rockera de un montón de otros géneros. La raíz natural es el rock, pero buscamos abrir el espectro, tanto en lo grupal como en lo individual. El rock es un género fácil para abrir sus límites.
¿Cómo llegó a formarse banda?
L: En general, esta es una banda de amigos. La mayoría nos conocemos desde hace como diez años, algunos desde la infancia, y otros nos conocimos por Internet. Nos fuimos congregando porque todos estábamos en algún otro proyecto, y teníamos esta postura en común de ruptura con respecto a la música y a la vida. Así que terminamos juntándonos.
¿Cómo fue la experiencia de grabar el primer disco?
L: Para mí fue un deleite. El estudio es como una nueva etapa, donde hay una preproducción muy importante y reversionamos los temas. A pesar de que en los ensayos pensábamos cómo iban a ser las versiones finales, a lo largo de todo el proceso encontramos otras cosas y las canciones fueron cambiando. Además, la grabación nos gusta porque, desde lo musical, te exige mucho. Hay que ser muy cuidadoso y riguroso con lo que estás haciendo y la manera en que lo vas a mostrar. Por otro lado, es como cerrar el círculo de una canción. Cuando uno piensa un tema, lo imagina grabado en un disco en algún momento. Es como llegar a la instancia de cierre, y eso es algo que inevitablemente te da placer, como terminar un libro o pintar un cuadro.
¿Es distinto grabar un disco viniendo del under?
P: Desde lo que es la producción del disco, no creo que sea muy distinto, entre lo que llaman “underground” y el rock con sello discográfico. No se modifica mucho el proyecto de producción, porque la realización del arte, en cualquiera de los dos casos, es igual. Vos desarrollás tu producto en base a lo que tenés en la cabeza y lo que querés escuchar. Lo más “a pulmón” en el independiente es el aspecto de poner guita y tiempo. Aunque, como están las cosas, hoy el sello discográfico tampoco te banca todo. Cualquier banda que quiera empezar, seguramente tenga que poner guita y solventar su producto, al menos en parte. Tengo amigos que están en sello y lo dicen.
L: Tiene que ver con el momento que está viviendo el arte en el país y en el mundo en general. Hace diez o quince años se notaba más la diferencia con las discográficas. Hoy por hoy, te sorprendés de las cosas que te cuentan los que están en la primera línea, sobre las peripecias que tienen que hacer para editar un disco. Las discográficas no son más lo que eran. Están en retirada, porque ya los discos no se venden: se bajan o se cargan en el celular.
¿Pero Internet no es favorable para las bandas chicas, como forma de difusión?
P: Si, es recontra positivo. En realidad, para todos termina siendo difusión. A todos nos viene bien acceder a un producto musical en forma gratuita. El tema es que las discográficas y los entes de recaudación como CAPIF no han sabido contrarrestar ese avance tecnológico. Ese es el punto a analizar, y no que un chico compre un disco, lo suba a Taringa y al otro día lo tengan 40 mil. Yo también bajo música de Taringa, está buenísimo, pero el problema es qué le deja al músico eso. Ahí se les escapó la tortuga, ¿quién va a pagar si puede evitarlo?
L: La diferencia básica entre una banda que produce desde el under y otra que no, no está en la producción del disco sino en la difusión. Ahí hay una brecha mayor, porque las discográficas todavía están muy conectadas con los medios. Y a la banda que está adentro le va a costar menos llegar a los canales de televisión y a la primera línea de festivales.
¿Qué tipo de público tiene Anacrónica? ¿Es un público joven?
P: No es tan joven, es muy amplio. En un show podés encontrar chicos de 15 hasta gente de 50. La postura desde el rock es para los jóvenes, pero somos muy meticulosos desde lo musical, y por eso no es una música tan fácil de digerir inicialmente. Hay que tomarse tiempo para escuchar Anacrónica, y eso nos lleva a otro tipo de gente, de más edad, de 30 para arriba. Desde el punto de vista rítmico y poético es muy complejo: hay muchos silencios, climas, matices. Hay que tomarse un tiempo y digerirlo. Es lo que a mí me pasa con los grandes discos. Cuando escucho uno, si me gusta de arranque, es una porquería. Pero cuando, ni bien lo pongo, no me gusta, a ese le tengo respeto, porque seguramente va a ser un discazo.
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Leandro y Pablo en el escenario de Cosquín Rock 2009 |
¿Qué opinan sobre los músicos que hacen su carrera a través de los reality shows?
P: Yo no estoy en contra, no me parece que eso violente nada. Es un producto como todos, no me jode en absoluto. Es cierto que los verdaderos artistas no se hicieron así, pero yo he visto salir grandes voces de esos programas. Ahora, la pregunta es si esa gran voz es también un artista. Si le graban el disco, le escriben las canciones y cuando canta es una estampita, eso no es un gran artista.
L: Es complicado, porque cada tanto ves alguno que tiene un trabajo atrás. Hay que ponerse un poco más críticos como sociedad por consumir eso. En definitiva, es todo un gran show, y no es el arte lo que está en juego. Te venden el proceso como artístico, y no lo es: el protagonista es un show y un medio. La gente no se va a cultivar con eso, porque la búsqueda del artista pasa por otro lado. Ocupa todos los aspectos de tu vida y tiene que ver con la espiritualidad, la intelectualidad, el desarrollo técnico. Vendido todo en cajita, con coachs mientras te filman, no es artístico, es un espectáculo.
¿Ven un buen momento de la música a nivel nacional?
L: Para mí hay dos mundos. Uno no está en los medios, y tiene grandes músicos y bandas. Venimos compartiendo shows con gente que lleva menos tiempo que nosotros, y son geniales. Pero por otro lado está el mercado y las cuestiones comerciales, que con la menor inversión buscan generar mayor ganancia, y por eso han promovido bandas que están muy por debajo de las que pasan por el submundo del arte. Me parece, que lamentablemente, los músicos que tienen mucha convocatoria no son de los mejores que la Argentina tiene, dentro y fuera del rock. Lo que se ha popularizado en los últimos años es bastante limitado, en comparación con lo que se puede escuchar en otros ámbitos.
P: Hay muchísimas bandas buenas que están surgiendo, como muchísimas bandas malas. El músico en Argentina vive el día como ningún otro artista en el mundo, porque no te alcanza la guita y entonces todos tenemos que hacer un poco de managers.
¿Ustedes llegaron a tocar a la gorra?
P: Por supuesto, en la primer etapa de promoción. Está buenísimo. Aunque no lo hicimos mucho, porque tenemos una estructura de puesta en escena que es medio complicada.
¿Cuál es el mensaje que quieren transmitir a través de sus letras?
L: Este es un disco conceptual, y está organizado de una determinada manera. En líneas generales, las letras hablan de la relatividad existencial, por eso el título “Origen”. Algunas mencionan la conexión con la naturaleza, y la tensión sexual también.
P: Hay sexo, hay relaciones. Es como vivir la vida: a medida que pasan las horas, uno habla de diferentes cosas, y un día no se habla lo mismo que en otro. La temática es la experiencia de un ser humano de lunes a lunes, las 24 horas del día. Con todo lo que conlleva desarrollar esa semana: momentos felices, oscuros, depresivos, de exaltación.
¿Cómo ven la movida cultural en el Conurbano?
P: Desde el punto de vista artístico, lo veo muchísimo mejor que en Capital. Mucho más abierto al artista y con más posibilidades. Cada vez que vamos afuera de la Ciudad, hay más espíritu y más posibilidades de hacer un show más raro. En Capital está todo muy seco, muy plástico. No hay dudas de que es más fácil tener público acá que allá. El lugar que se le da al artista es mejor cuanto más te alejás de la Capital.
L: La diferencia es que en Capital los costos son infranqueables, y eso juega mucho en contra. El circuito de lugares está mucho más concentrado, y eso hace que todo el mundo quiera tocar en cinco boliches. Entonces los tipos levantan el precio, porque tienen una fila de 20 bandas que quieren tocar ahí. El Conurbano y el Interior tienen una predisposición mejor a recibir bandas, y eso hay que aprovecharlo a full.