Sirte Tircco es una de las bandas under más representativas del distrito. Su fundador explica la variedad de estilos del grupo, y opina sobre la cultura rastafari y la sentencia de Cromañón.
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por
Leticia Leibelt
Con siete años en el ruedo, Sirte Tircco es una de las bandas cuyo nombre suena más fuerte en el Partido de San Martín, y también una de las más difíciles de encasillar en un género determinado. Sus temas pasan por el Reggae, el Ska y el candombe, hasta fusionarlos con Rock y convertirlos en una propuesta totalmente original. Martín Tircco, de 26 años, es uno de sus fundadores, y no duda en caracterizar al grupo como “una banda de amigos”. Actualmente, son siete en total: junto con Martín en voz, está Javier en percusión y segunda voz, Sergio en guitarra, “Piti” en batería, Iván en bajo, “Pipa” en trombón y Federico en acordeón, guitarra y coros. Sirte ya tiene un disco editado, “¡Revolviendo!” – del que participaron productores e integrantes de Karamelo Santo – y ahora se preparan para lanzar el segundo, “Cerebro Corazón”. “He largado el charango y la guitarrita del primer disco, porque éste va a ser más eléctrico y potente”, adelanta Martín. Mientras tanto, continúan con sus shows en el distrito que los vio nacer, crecer y mutar como banda, donde ya los reconocen como parte importante de la música y la cultura alternativa local.
¿Cómo empezó la banda? Arrancamos a principios del 2002, con Javi y Piti que eran mis amigos. A Javi lo conozco del jardín, desde los 3 años, y a Piti desde la primaria. Somos como hermanos. Conseguimos guitarrista, y de a poco fuimos sumando acordeón, segunda guitarra y, en los últimos tiempos, trompeta y trombón. Hace un año se sumó Iván, el hermano de Piti. Siempre fue un proyecto musical de amigos con el objetivo claro de disfrutarlo. La mayoría somos de San Martín, San Andrés y Malaver. El trombonista y el trompetista son de Ramos Mejía y de Haedo, y el acordeonista es mendocino y está viviendo en San Cristóbal. Pero la base de operaciones siempre fue San Martín.
¿Siempre tuvieron en claro el estilo que iban a seguir? Al principio, la idea que sonaba más fuerte era hacer murga y candombe. En el primer disco esto es más notorio, pero de a poco nos fuimos enfocando más hacia el Reggae y la fusión, y lo rioplatense quedó más para la lírica. Para el segundo disco, hay ritmos de candombe, pero siempre lo fuerte es el Reggae, más rockero por momentos y más tranquilo en otros. Incluso ya estamos flasheando más con el Hip-Hop, y hasta vamos a tirar algo de magia, con algunos ruiditos de ritmos electrónicos. Cuando lleguemos al tercer disco, no sé qué va a salir (se ríe).
En tu caso personal ¿Cuándo fueron tus primeros pasos en la música? De chico, la guitarra siempre anduvo dando vueltas en casa, de familia. Con un grupo de la primaria nos juntábamos a armar cuentos de terror, y así llegamos a escribir las primeras canciones a los 11 años. Tuve una primera banda, Rondando, que era de Villa Tessei, con la que debuté en vivo. Pero con Sirte me pasó que, en vez de salir a buscar bandas ajenas, que era lo que venía haciendo de chico, quise salir a tocar mis propios temas. En una banda armada, ya tenían sus temas y sólo podía meter uno o dos. Y yo tenía esa necesidad de cantar mis cosas. Entonces fue decidirme a armar una banda con amigos: “Che, Javi, ¿vos tenías un bongó, no? ¿No querés que armemos algo?”. Piti tocaba en otra banda más rockera, y se enojaron mucho cuando les sacamos el baterista. En ese momento teníamos 15 años y estábamos a full con el palo de Bersuit y Los Piojos. Ahora podría nombrar como influencia otras bandas mucho más reggae, como Umbanda y Alika.
¿Ya se hicieron de un público que los sigue a todos lados? El público que tenemos no es tan estable, varía según cómo vaya mutando la banda. Hay temas como para bailar, para saltar, y otros más tranquilos. También hay un laburo con las letras, al que le prestamos atención, para que sea importante lo que dicen. En general el nuestro es un público joven, porque Sirte como banda no es tan fácil de digerir.
¿Eso pasa por la mezcla de géneros de la que recién hablabas? Sí, pero eso fue pasando por una cuestión natural. No nacimos como una banda de Rock and Roll ni como una banda de Reggae jamaiquino. Nunca dijimos eso. Al juntarnos en los ensayos, había cierta onda al ritmo rioplatense, que sigue estando. Pero revolviendo un poco, después de trabajar grosso en el primer disco con Goy de Karamelo Santo, empezamos a prestarle más atención a la estructura de las canciones. Queríamos que el tema camine, que fluya y vibre. Si no, nos pasaba que teníamos en la estrofa un ritmo y en el estribillo otro, y era una esquizofrenia. Entonces el reggae nos fue llevando hacia esa fluidez y cadencia. Cuando lo queremos pudrir, lo pudrimos y lo rockeamos, no tenemos prejuicios por ese lado. Pero cuando queremos que fluya, ahora vamos al reggae naturalmente.
¿Y lo del candombe surgió por alguna relación especial con Uruguay? Hay un amor platónico con Uruguay y toda su cultura. Realmente sentimos que hay una unidad y una identidad común desde lo rioplatense. Llegamos a través de la música, sobre todo de Jaime Ros y La Vela Puerca. Y viajamos a tocar a varias veces, en plan hippie rústico. Podríamos hacer un disco recontra rockero, y seguiríamos sintiéndonos rioplatenses. No hay que tocar candombe para seguir la onda uruguaya, ni flashear con Jamaica y hacerse rastas para hacer Reggae. Nosotros tenemos bien en claro que somos de San Martín y que ensayamos hace 6 años en Villa Zagala. Estamos abiertos y no sabemos a lo que podemos ir mutando.
¿A qué se debe el nombre de la banda? “Sirte” es el nombre y “Tircco” el apellido de un personaje. En la página Web anterior, teníamos colgados diez textos mitológicos, que explicaban sobre él. Era toda una mitología creada por nosotros. Un rollo, como que se peleo con el Rey Momo y lo echaron de la Constelación de los Elevados, entonces cayó en San Martín, que era el último lugar donde se imaginaba caer. Todo con una connotación medio oscura y bizarra. Pero después del primer disco quisimos ser un poco más claros con nuestro mensaje. Ahora la página tiene la información mínima y necesaria y, al que le interesa, que se acerque a charlar.
También hay todo un simbolismo con los colores del grupo… El verde y el rojo son como un estandarte, en analogía con las murgas, que tienen sus colores y los mantienen. Nosotros también los mantenemos, pero quizás no siempre en los mismos tonos, y dejando entrar otros colores. Eso también es una metáfora de lo que nos pasa: hay una identidad fuerte y concreta, pero dejamos que fluya y nos vamos reconstruyendo.
¿Comparten la cultura que hay en torno al reggae, de la marihuana y los rastafari? Compartimos la no discriminación y la tolerancia. Que cada uno tiene que hacerse responsable de sus actos y ser libre de hacer lo que quiera, sin lastimar o molestar a otros. En cuanto a la cultura rastafari, de fumarse un troncho y comunicarse con Dios, no sé… Ninguno de nosotros es rasta, ni adhiere o hace apología de determinada cultura. Es como que todo lo que es tan doctrinario, que te baja reglas de conducta, no nos va. Nosotros practicamos el “hacer más y decir menos”. Hay muchos que bajan línea, pero después se les ven las contradicciones.
¿Qué podés contar del nuevo disco? Esperemos que salga para octubre, ya terminamos la parte de grabación, y ahora hay que acomodarlo y laburarlo. También estamos trabajando en el diseño de la tapa y planeando la gira de verano. Todo lleva mucho esfuerzo, plata y ansiedad. La idea es hacer la presentación oficial en Capital durante noviembre, para que pueda difundirse masivamente y que se acerque todo el que quiera. En San Martín no hay lugares habilitados, y a los lugares alternativos donde tocamos no se les puede dar mucha difusión, porque los clausuran.
¿Eso tiene que ver con Cromañón? Sí, post Cromañón aumentó la paranoia de todos los municipios y en todos los que tienen alguna mínima responsabilidad política.
Hablando del tema, ¿qué opinión tenés de la sentencia del caso? No me quiero poner en opinólogo, pero a mí me sonó todo muy raro. Ver que a Omar Chabán y al manager de Callejeros les dieron 20 años, y a la banda nada, me llama poderosamente la atención. Y también lo barato que la sacaron los empleados del gobierno. Deberían haber establecido distintos grados de responsabilidad, pero no llegar a que la banda tenga cero culpa. El otro día, leía en un diario que parece la “ley de obediencia debida” del rock: se plantea que hicieron caso a lo que dice el manager sin derecho a cuestionar nada. Tampoco hubiera estado de acuerdo si a Callejeros le daban 20 años y al resto cero. Lo que fue relativamente justo, fue lo de Chabán.
¿Ustedes, como banda, vivieron de cerca el uso de las bengalas? Las bengalas son parte de determinados tipos de rock. En nuestro caso no, porque nunca movimos tanta gente. Es por la cuestión futbolera del aguante, del “lo sigo a todos lados”. Yo iba al recital de Los Piojos y prendían 20 mil bengalas, y a mí tampoco se me ocurría decir: “¡qué colgado este, cómo va a hacer eso!”. Te corrías para que no te quemen las chispas, nada más. También están los que se dedican a criticar con el resultado puesto y dicen “con nosotros eso nunca habría pasado”. Pero era algo instalado, y era una inconciencia colectiva.
esperamos ver la banda,en epsan 2009,nos gustaria saber el programa con las figuras que van a llevar...los muchachos del sport cicles club de villa lynch..a 24con muchas gracias