El día que La Matanza y Tres de Febrero descendieron al infierno. ¿Por qué se incendiaron Johnson & Son y Aerosoles Argentinos? La salud y el medio ambiente, en peligro.
El cielo se vuelve negro y aterrador. Lo único que se respira es el humo penetrante y ácido que se esparce cada vez más por todos los recovecos que encuentra el aire. No es el Apocalipsis, pero cerca puede estar de serlo. Las sirenas de los bomberos se escuchan desde lejos, están por todas partes. La gente corre de un lado al otro por las veredas del barrio. La policía corta todas las calles cercanas. Y lo peor de todo, el miedo penetra en toda la población. Más cuando el comentario que corre de boca en boca es que el fuego alcanzará al depósito de tanques llenos de componentes altamente inflamables. La catástrofe está cerca de suceder.
No es ciencia ficción. Una escena similar fue la que por ejemplo, ocurrió en el 25 de febrero 2004 con la explosión de la fábrica de Ceras Johnson & Son de la localidad de Pablo Podestá, partido de Tres de Febrero. Esa madrugada se produjo dentro de la planta un accidente catalogado como “industrial mayor”. Aunque no causó víctimas fatales ni heridos, los vecinos fueron evacuados y el terror fue el primer protagonista. Los más experimentados de la zona contaban con vivencias previas, ya que dos incendios casi iguales habían ocurrido años atrás.
Aún peor fue la tragedia de la localidad matancera de Virrey del Pino, también catalogada como “masacre”. El 9 de mayo del 2007, la fábrica
Aerosoles Argentinos S.A. voló en pedazos y las consecuencias de la explosión fueron realmente graves. Las negligencias de un control ineficiente se llevaron la vida de 7 personas e hirieron a otras 17. En enero pasado en el partido de Ituzaingó, se produjo un incendio en una industria de químicos y la combustión de elementos causó dos muertes.
Muchos más son los casos de accidentes químicos en plantas industriales que sucedieron desde el año 2000 hasta la actualidad. Las consecuencias de cada una de estas catástrofes no sólo impactaron en el medio ambiente, sino también en la salud de los vecinos de las fábricas, los que en muchos casos aún se exponen a altos niveles de toxicidad.
“Las leyes ambientales se refieren a los impactos cotidianos. Pero en Argentina, y ese es nuestro dolor de cabeza, no hay leyes que tengan en cuenta los que se dan eventualmente de modo muy fuerte en este tipo de industria”, explicó desde la redacción de 24CON Ángel Navarro, uno de los creadores de la asociación sin fines de lucro Terrratox. Dicha ONG fue compuesta por los mismos vecinos, luego de que sean testigos directos de las explosiones de la planta de Johnson & Son.
Asimismo, reveló que “el tema de la salud ambiental está mucho menos que en pañales, al igual que en todo el mundo”. Por ende, aseguró que un número muy escaso de investigadores se dedicó a la problemática. Aunque debería ser “un problema de seguridad de los Estados. Pero es una sociedad de consumo y hay ciertas cosas de las que mejor que no hablar”.
“La gente entiende que si el fuego no la tocó, si su casita no ardió, no hay problema. Pero en realidad sí lo hay, y grave. Cuando una fábrica que acumula gran variedad de químicos explota, hay una mezcla inaudita con efectos que pueden ser mediatos o inmediatos”, reconoció Navarro.
Las categorías y los controles
Todas las empresas del rubro Industria y Producción, son catalogadas por una Ley provincial como de Primera, Segunda y Tercera Categoría (Estos son considerados como "aquellos establecimientos que se consideran peligrosos porque su funcionamiento constituye un riesgo para la seguridad, salubridad e higiene de la población u ocasiona daños graves a los bienes y al medio ambiente"). Las más complejas en grado de peligrosidad son lógicamente estas últimas, y cuentan con la habilitación exclusivamente del Gobierno Provincial, y no municipal, o por lo menos así parece.
Aunque el concejal de Tres de Febrero por la Coalición Cívica, Rodolfo Knittel, en una conferencia publicada en su blog, deschava otras opciones de reglamentación. Asegura que la Provincia permite a las industrias de Categoría 3 que tramiten su inscripción en la Municipalidad, y que realicen una categorización provisoria. Luego el trámite vuelve a manos provinciales.
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A cuadras de la fábrica de Johnson & Son |
Navarro descarta las dudas y reconoce que la categorización de cada industria es endeble... y peligrosa. Según reconoció: “Hay una nueva categoría que se llama ‘Bajo observación’ que habilita el municipio. Pero este no está actuando, le está dando plazos para que siga produciendo y aportando al sistema impositivo pero no dan ninguna información de su situación. Sólo lo observan”.
Al respecto, Knittel lanza: “Esto en la Argentina de hoy, nos da a sospechar que una empresa que está en el límite de ser de Segunda o de Tercera va a probar presentarse como de Segunda Categoría que es una situación de más liviandad. Y si a nadie se le ocurrió revisar los papeles en Provincia de Buenos Aires dado que no hay un ejército de inspectores que estén controlando qué es lo que se instala en los municipios, es posible que quede así como está”, reconoció.
Los costosEl panorama de las industrias, su categorización, control y reglamentación se vuelve aún más alarmante. Navarro asegura que en muchos casos los estudios de impacto ambiental los costea la misma empresa, que además informa de su propia situación a las autoridades provinciales. Y como “no hay fondos gubernamentales, no tienen otra cosa que conformarse con el análisis de científicos que pagó la compañía”.