Los colectivos también en la mira

Una paseo agitado en un bondi "trucho"

Los dueños del transporte ilegal no sólo regentean combis. Algunos, también sacan a la calle colectivos "truchos". 24CON se subió a uno de ellos. La crónica de un viaje hasta Pacheco, sin boleto.
24CON
por
Ezequiel Lorusso/Pablo Noto
Llegamos pasadas las 16. Los autos y colectivos, en plena tarde, entraban y salían de la Capital Federal al ritmo parejo de los semáforos. El cartel de chapa de la esquina del bar, rígido, avisaba del punto cardinal exacto: Zufriategui y Avenida Maipú.
 
A metros de General Paz, en una especie de colectora de Vicente López, esperan dos combis, y unas 15 personas. La cola de gente es organizada, y hasta simula aguardar paciente en una parada de colectivos inexistente. Todo parece normal, como una cosa de todos los días.
 
Frena otra combi Mercedes blanca en una pequeña playita de parking, y carga a los ahora más de 20 que hacían la fila. Sólo algunos afortunados logran ocupar los asientos, los otros, entran apilados en el pasillo. El chofer pone primera, y el vehículo salemanso rumbo a Panamericana. 
 
Luego de unos pocos minutos, se acerca más gente e increíblemente se ubica de la misma manera, para construir nuevamente una fila. Al rato, parecía que la cola anterior jamás se hubiese movido. A simple vista, los futuros pasajeros son levemente disparejos. Una señora carga a su bebé en un brazo derecho, y cede el izquierdo de agarradero para su otro hijo. Algunos jóvenes intentan pasar la amansadora escuchando música con auriculares. Se acerca una señora “bien”, con cartera y zapatos. El resto de la fila, la forman obreros de un promedio de 40 años y rostro cansado.
Sobre Zufriategui, la combi y el colectivo esperan a sus pasajeros. El destino último es Escobar.
 
A todo esto, de la vereda de enfrente, el alerta del handy de un chico no para de sonar. Éste le responde atento, mientras sostenía una planilla. Después, el pibe conversa con el chofer de una de las combis. De repente, estaciona cerca un Mercedes 230 viejo y azul claro. Se bajó un hombre. Llevaba otro handy, remera sin mangas, y barba canosa hasta el cuello. Los dos hablaban serenos. Dueño y empleado coordinaban desde la vereda los horarios de los transportes.
 
Todo se desarrollaba sin pormenores: La organización de las combis truchas de Puente Saavedra, se veía a la luz de la General Paz y a la sombra de dos policías que paraban autos sobre Maipú… a la vuelta.
 
Recién a las 18 sale la combi. Esperamos pacientes. Aunque de repente, nos enteramos que un colectivo similar a uno de línea - sin número identificatorio y con un cartel desvencijado con la inscripción de Fonabi/ Ruta 26- hacía el mismo recorrido. Un hombre de la fila nos pone a punto: "Lo manejan los de las combis", dice. Lo insólito es que a mitad de la cuadra se ubica la Terminal de la línea 203, que también abarca el mismo trayecto. 
 
No esperamos más y subimos al bondi "trucho". Pasamos los escalones e, inexpertos, entendimos que no se paga al entrar. Seguimos a la corriente y nos ubicamos. Éramos 22 pasajeros hasta la primera parada de Panamericana – la misma que utilizan los colectivos de línea-. Allí suben unos cuantos, pero por la puerta del medio. Porque en la entrada principal, las piernas de un joven sentado en el tablero, de espaldas al parabrisas, obstruyen el paso.

Entendimos todo: El chico era el boletero. Ya que a falta de máquina expendedora de tickets, cada colectivo "trucho" cuenta con un encargado que cobra el viaje. Y a su vez, le da charla a su compañero, quien comanda la nave.
 
Pasamos Márquez y el viaje se hace un poco denso por el tráfico. De refilón, levantamos la vista y una publicidad de una empresa aseguradora justo nos aconseja: "Sentite seguro"… parecía a propósito. En tres paradas se había duplicado el número de pasajeros, y a esa altura, el pasillo del colectivo daba más con la imagen de un camión de hacienda, transportando ganado. Casi 40 minutos de recorrido y preguntamos curiosos: "¿Para acá el bondi?". "Sí, apurate papá que no van a llegar a la puerta para pagar", nos dice un hombre parado al costado.
 
Desde la parada en General Pacheco, el colectivo sigue su camino sin mirar atrás...


Llegamos apisonando pies ajenos a la cabina y nos dimos cuenta al pasar que en el tablero del conductor, el velocímetro estaba muerto y tres agujeros indicaban que ahí mismo debían ubicarse botones, que no estaban. Pagamos los $2 pesos por cada uno que nos pidió el boletero, y bajamos a las apuradas en General Pacheco, pasando el primer peaje de la Autopista, ramal Pilar.
 

Cruzando el puente de Panamericana, esperando otro bondi


Cruzamos el puente y esperamos al bondi de línea, para que nos traiga a casa nuevamente. Llegó el 228, pagamos también $2 al entrar, y en 40 minutos estábamos en el mismo lugar de partida. Otra vez Puente Saavedra. Miramos hacia la parada de combis, y la cola de gente esperando asombrosamente parecía intacta… como si nunca se hubiese movido.

 

 

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