La sartén por el mango

Hartos de que nadie escuche sus reclamos, los vecinos de Moreno decidieron solucionar sus propios problemas. Seleccionan basura, iluminan las calles y hasta matan las ratas que pasean su impunidad por las calles. Pero están hartos. Y reclaman.
por
Luciana Fernández Virginillo

Tomando el Acceso Oeste rumbo a Luján, a tan solo 30 kilómetros de la Ciudad, el panorama cambia. A primera vista favorablemente. Esta zona del conurbano recibe con calles abiertas, de tierra y pobladas de árboles.

Tradicionales zonas de quintas alternan con barrios humildes. Después llegaron los countries y remarcaron los contrastes. Pero hay algo de lo que nadie esta exento, la acumulación de basura. La Municipalidad y la empresa recolectora, El Trébol, ahí son parejos.

En Reja Grande, una localidad de este partido esta el Barrio Indianápolis, una zona residencial con una sucia postal: “Cuando bajas el puente hay un enorme basural con animales muertos.


En el puente de la Reja también. Una vez pasamos y vimos un camión de El Trébol descargando ahí”, cuenta Graciela una vecina que vive allí hace 11 años.

Pero el barrio se organizó, por iniciativa y necesidad. Ante la ausencia de la Municipalidad
los habitantes de Indianápolis se convirtieron en electricistas, carpinteros, jardineros y recolectores, a pesar de que pagan los impuestos. 

“Hacemos todo, desde colocar las luces de la calle hasta limpiar la zanja, mantenemos los terrenos que no tienen dueño. Arreglamos los caminos con piedras, pusimos los postes de luz, los tachos. Todo”, relata Graciela

Un ejemplo de ello son los tres contenedores de residuos de 500 litros “colocados a altura para prevenir que lo rompan los animales. El del medio esta destinado para vidrios, papeles y cartón”. Decidimos poner los tachos y encima los mejoramos con volcadores porque recogían solo lo de arriba de los contenedores”, cuenta Graciela.

Los vecinos hacen separación de residuos, pero no porque el Municipio motive el reciclado, sino “porque del otro lado hay un barrio muy humilde, de muchos cartoneros para que ellos recojan eso limpio”.

La basura tiene su lugar destinado, pero no los camiones no pasan. El resultado es progresivo y conocido: “Basura y más basura, ratas, olores, contaminación. Vendrás las enfermedades”, sentencia Graciela.

Quiso constatar cuál era la frecuencia con que debía pasar el camión y llamo a la Municipalidad. “Me dijeron que todos los días, pero pasan solo lunes, miércoles y viernes. Al principio era suficiente cuando no vivía tanta gente, pero ahora se esta complicando”.


Sin embargo, ni siquiera cumplen con esa periodicidad. “Primero dejo de pasar los viernes y ya empieza a acumularse lo del todo el fin de semana. Y después los lunes. Los tachos no dan abasto”.

Basura en el suelo, roedores al ataque. La precaución y prolijidad de los habitantes de Barrio Indianápolis parece en vano. “Encontramos ratas, sacamos fotos, vinieron a evaluar la situación para ver si era una zona de ratas, dijeron que no y que si aparecían era por los residuos”.

Graciela no se cansa, no solo de arreglar el lugar que ama, sino de discar incansablemente para reclamar. “Hacemos 4 reclamos por semana. Vinieron una sola vez, hace dos años. Unos encargados de la zona con un representante de El Trébol, vieron toda la basura en el piso, y dijo que poníamos la basura después de que pasaban”.

Si, una burla. Los mismos vecinos que bregan por mantener su ambiente sano “nos gusta vivir bien y tranquilos, somos proteccionistas y ecologistas”, se ven en entre la basura y la pared y terminan quemándola en lo que dice ser una plaza pública.

Como en la antigüedad, cuando se castigaba ante los ojos de toda la comunidad como ejemplo de supuestos males. Este realmente lo es, pero quienes tendrían que verlo se tapan los ojos y los oídos.      

“La esquina donde están los tachos es una plaza que esta abandonada, no se mantiene. Hay pastizales inmensos. Cada tanto algún vecino quema la basura ahí de buena voluntad pero es peligroso, hace unos días atrás se incendio”.


“Enviamos cartas a la municipalidad, no fueron respondidas. Cartas al intendente, silencio. Ninguna autoridad responde a nuestras quejas. Solicitamos que se hagan presente los inspectores, nadie ha venido”, explica indignada y sin más armas en las manos que la propia voluntad de sus vecinos. “Nuestros hijos deben moverse en medio de esta mugre”, se pregunta.

La Basura tampoco distingue clases sociales

Los residuos se acumulan y las voces no se acallan porque esto ocurre en todo Moreno. 
Sandra, vive en Barrio Jardines, sobre la Ruta 25. Su panorama es bastante distinto que el de Graciela, lo describe como “el conurbano pobre” y dice “acá en cada esquina hay un basural”.

Sandra relata: “A una cuadra de mi casa, en una esquina se empezó a formar uno. Reclame a la municipalidad, y la persona que me atendió me dijo si yo podía quedarme ahí a vigilar para ver quien tiraba la basura, sino que iban mandar inspectores”. Si, otra broma nueva de mal gusto, u olor.

El alumbrado tampoco muestra la mejor cara de Barrio Jardines. “Hace 20 años que vivo y la luz en la ruta hace dos años que la pusieron, en mi calle hace 1”. Pero para nadie se olvida de cobrarla y si es posible por duplicado: “Venían las boletas de Edenor con un apartado por mantenimiento en la vía publica, cuando eso se paga en la tasa municipal”. Aún cuando el servicio no estaba.

1Comentarios
Silvia
(4 de Enero de 2009 16:28)
Los primeros dias luego de la nota todo funcionó perfecto, pero nuevamente no pasan, hay basura acumulada en todos lados, no han trabajado ninguno de los viernes entre fiestas. Se ven ratas, moscas, se siente el olor a podrido. Se han hecho llamados a la Municipalidad y responden "el encargado del area cuando le pregunto no me contesta......" También le han pasado a los vecinos el teléfono de la empresa recolectora y cuando llamamos nos atiende un contestador diciendo "la casilla está llena...". EL TREBOL SIGUE SIENDO LA EMPRESA CONTRATADA DESDE HACE AÑOS! y estas quejas vienen también, DESDE HACE AÑOS. Qué es lo que pasa????
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